1. Introducción
El sector de los cuidados engloba una amplia variedad de actividades y servicios que implican la prestación de cuidados, tanto remunerados como no remunerados, formales e informales1 . A pesar de su gran importancia social y económica, el sector de los cuidados ha estado históricamente infravalorado y subdesarrollado, y, especialmente, feminizado además de racializado, los últimos años. Este hecho ha tenido y tiene consecuencias importantes para la igualdad entre mujeres y hombres, la estabilidad económica y el bienestar de la sociedad (Instituto de las Mujeres, 2023; OIT 2019 y 2023; CEPES, 2022; Comisión Europea, 2022).
Las estructuras económicas de la mayoría de los países infravaloran el trabajo de cuidados (OIT 2019 y 2024). Esta infravaloración tiene su origen en prejuicios históricos y culturales que consideran que el trabajo de cuidados es inherentemente femenino y, por tanto, menos valioso. Esta percepción conduce a la infravaloración sistemática de las personas que se dedican a los cuidados, la mayoría de las cuales son mujeres y en los últimos años personas migradas. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) (2019 y 2024), las personas cuidadoras ganan mucho menos que otros trabajadores y trabajadoras con cualificaciones y niveles educativos comparables. Esta disparidad económica perpetúa la desigualdad de género y obstaculiza el empoderamiento económico de las mujeres.
En el sector de los cuidados, las mujeres soportan de forma desproporcionada la carga del trabajo de cuidados tanto remunerado, como especialmente el no remunerado, lo que limita sus oportunidades de educación, promoción profesional y desarrollo personal (OIT, 2019 y 2024)2.
Desde un punto de vista económico, se estima que el sector de las tareas domésticas y de los cuidados podría suponer un 37% del PIB (Gobierno de Aragon, 2021), por lo que desarrollar el sector de los cuidados y reconocer el trabajo de cuidados como una actividad económica fundamental, las sociedades pueden abordar las disparidades de género y promover la justicia social.
Sin embargo, podemos encontrar diferentes enfoques a la hora de entender el sector de los cuidados. Desde la perspectiva de la teoría económica capitalista, el sector de los cuidados es un sector más de la economía al servicio del resto de los sectores y de los colectivos de población más vulnerables. Sin embargo, la economía feminista propone el concepto de la economía de los cuidados, considerandolo como un modelo económico que propone un cambio de paradigma en cuanto a la forma de plantear el modelo económico basado en la economía productiva. Así, es fundamental reconocer que la economía reproductiva es una parte esencial para el cuidado y mantenimiento de la vida y que debe formar parte de las acciones y políticas públicas para garantizar que cumple su objetivo: ser responsable del cuidado y sostenibilidad de la vida (Bergeron, 2016; Baruah, 2023; Himmelweit, 2002; Picchio, 2005,2009; Pérez Orozco, 2006).
La economía social y la economía de los cuidados están intrínsecamente ligadas por sus valores y objetivos comunes. Ambos paradigmas hacen hincapié en la importancia del bienestar humano, la justicia social y la equidad económica (REAS 2023; CEPES, 2022). La economía social, en muchas ocasiones, ha dado respuesta a necesidades sociales desatendidas por la economía capitalista y la administración pública (Defourny y Nyssens, 2010) . Uno de los ejemplos clásicos es el sector de los cuidados (Borzaga y Fazzi, 2014). De esta manera, la economía social ha cubierto necesidades sociales básicas con fórmulas empresariales que maximizan la práctica de la democracia y proporcionan seguridad económica a las personas trabajadoras y a sus comunidades (Cheney et al.,2023, pp. 14).
Como consecuencia, una parte importante de las entidades de la economía social se dedican a actividades relacionadas con los cuidados (CEPES, 2022). Esta relación no solo fortalece el tejido social, sino que también contribuye a la creación de empleos con mejores condiciones laborales, especialmente de las mujeres, y a la provisión de servicios de alta calidad que responden a las necesidades de las personas usuarias.
El objetivo de este artículo es profundizar en la relación entre la economía de los cuidados y la economía social, partiendo de los postulados de la economía feminista. Para ello, en la sección siguiente se caracteriza, a partir de los datos más relevantes, el sector de los cuidados. En la sección tres se revisan los planteamientos de la economía de los cuidados desde el enfoque de la teoría feminista. En la sección cuatro se describe la relación entre la economía de los cuidados y la economía social identificando los retos y desafíos para el desarrollo de la economía de los cuidados en (colaboración con la economía social, y las administraciones públicas.
1No existe una definición consensuada del sector de los cuidados. En este trabajo se sigue la definición que se propone en CEPES (2022) y delimita el sector de los cuidados en función de los servicios ofrecidos (alimentación, residencial, atención domiciliaria, educación y ocio, sanitario, sociosanitario y trabajo social) y a los colectivos a los que se dirigen los servicios (personas mayores, infancia y adolescencia, personas que sufren enfermedades, personas con discapacidad, mujeres víctimas de género, personas de origen migrante, personas cuidadoras y familiares y población general) . 2OIT (2019) “A escala mundial, sin excepción, las mujeres realizan el grueso del trabajo de cuidados no remunerado, se estima que el 76,2 por ciento del total de horas dedicadas al mismo. Ningún país del mundo registra una prestación de cuidados no remunerada igualitaria entre hombres y mujeres. Las mujeres dedican en promedio 3,2 veces más tiempo que los hombres a la prestación de cuidados no remunerada”