7. Adaptación del modelo de Escuelas taller a los retos actuales
Hacemos un repaso de todos los temas que hemos estado comentando en la entrevista.
Hemos hablado de América Latina, de las aportaciones, hemos tratado un poco sobre cómo podríamos adaptar las escuelas taller a la sociedad actual, eso lo hemos hablado sobre todo con el tema de la inmigración, los MENAS. ¿Cómo se podía adaptar ahora esa idea de Escuelas Taller?
La única manera es renovar. Quiero decir, ahora no vale copiar miméticamente una solución que fue útil de hace cuarenta años. Ahora la sociedad española es distinta, la economía es distinta, los problemas son distintos. Hay problemas locales y problemas globales.
Necesitamos dos o tres millones de viviendas y para ello hacen falta de diez a quince años, pero hay que hacerlas. ¿Y cómo las hacemos? ¿Quién las hace? ¿Pueden hacerlas los que están ya en España más los inmigrantes que vengan? Y, además, ¿cómo damos a esas personas formación para el sector de la construcción? Y lo más importante, dignidad, porque hay que tener un sueldo, dignidad y que sea un trabajo lo más creativo posible y que les pueda de servir como ascensor social.
Estaríamos solucionando varios problemas. El problema de la vivienda y el problema de la integración de estas personas que están en un nuevo país.
El acierto de las escuelas taller es que resolvían varios problemas:
Uno, quitabas a los chicos de la calle de la droga; dos, les dabas un trabajo, tranquilizabas a la familia, recuperaban patrimonio y se integraban en la sociedad. No dabas un curso, no, no es enseñar asignaturas. Es enseñar a vivir por tus propios medios.
¿Qué es lo que hace la lanzadera? No les enseñas. Se enseñan unos a otros, se agarran a la vida. Ven que la vida vale la pena, que no está tan mal la ayuda de los demás. Ese fue el gran salto de las lanzaderas. Aquí se ayudan unos a otros y se ocupan.
El gran problema de ahora es hacer que la gente vuelva a relacionarse y a pensar que las manos también son inteligentes y que hay que educarlas y devolver la gestualidad, el contacto, la manualidad.
Yo creo que de verdad vienen tiempos donde el mercado valorará mucho lo hecho a mano, lo artesanal, lo que lo que tiene vida.
Los últimos estudios del Observatorio de las ocupaciones del SEPE muestran que en este tipo de ocupaciones que hay vacantes y carencias formativas.
Sí, lo puedes ver en el pastelero o en el carnicero que se va a jubilar. Sus hijos no quieren seguir con el negocio. Hay que mirar hacia la gente nueva que viene, que están deseosos de hacer algo, de ocuparse de algo, porque vienen de unas situaciones terribles. Tenemos la necesidad, los necesitamos y tenemos la responsabilidad. No vemos claro cómo hacerlo. Pero lo estamos haciendo ya, lo están haciendo en Santander.
Le preguntamos por la experiencia de Santander. ¿Por qué no se divulgan más este tipo de iniciativas como buenas prácticas que puedan reproducir otros ayuntamientos? Le sugerimos que podríamos exponer esta experiencia en un artículo y muy amablemente nos facilita el contacto del director de la escuela.
Se llama Esteban Sainz, lleva 40 años en las escuelas taller. Se jubila ahora enseguida.
Es arqueólogo y un humanista.
Propondría hacer una especie de comité de apoyo, asesor, de gente que haya estado tiempo en escuelas taller. Luis Villanueva, que viene ahora, con la experiencia de América; Esteban Sainz y alguno de los directores de escuelas taller que había; Juancho, que rehabilitó la Alameda de Osuna, Villanueva; y, bueno, algún alcalde de aquella época.
Por ejemplo, había un alcalde interesante. Era el alcalde de Hellín, que además era el director de la Oficina de Empleo de Hellín y tenía un convento en medio del casco histórico. Llamó hasta a cuatro arquitectos. Y ya cuando el cuarto arquitecto le dijo lo mismo que los anteriores, que estaba para tirarlo, pues recurrió a mí. Me llamó, y me dijo: “Oye, mira, ¿podrías venir aquí? Es que es un convento, que está en medio del casco y tenemos que proteger”. Y entonces fui a visitarlo y yo miraba el convento y él me miraba a mí. Yo veía que él estaba atento a qué cara ponía. Le iba diciendo: “Pues esto está cojonudo, las vigas y los muros están bien. Esto se refuerza…”. Y él, me insistía: “Pero ¿tú crees? ¿Tú te atreverías?”. Y yo le respondí: “Si se hizo en San Benito que era mucho más grande y estaba mucho peor, ¿cómo no se va a hacer en Hellín?”.