Resumen
Aunque la discusión sobre la “Gran Dimisión” se ha generalizado en el ámbito académico a raíz del impacto de la crisis sanitaria en el mercado de trabajo estadounidense, lo cierto es que en nuestro país este incremento en el número de trabajadores que dimiten voluntariamente es una tendencia creciente desde el año 2014, exceptuando el período crítico de la pandemia. Este trabajo presenta un análisis de este proceso, su evolución y posible correlación con el volumen de vacantes y las tasas de desempleo. Igualmente se analiza la trascendencia, a estos efectos, de la nacionalidad y su distribución por sexo y secciones de actividad. Como ponen de manifiesto las cifras de la Tesorería General de la Seguridad Social, las vacantes y la EPA, el volumen de dimisiones es superior al de vacantes, las dimisiones han crecido en mayor en las actividades vinculadas a la hostelería y al comercio.
Palabras clave: Gran Dimisión, Renuncia Voluntaria, Nacionalidad, Secciones de Actividad.
1. Introducción
En la primavera de 2021, una vez superada la fase más álgida de la pandemia, más de 47 millones de empleados estadounidenses renunciaron voluntariamente a sus puestos de trabajo (Fuller & Kerr, 2022). Este aumento explosivo de las renuncias fue acuñado con el término “Gran Dimisión” (Klotz, 2022). Relacionado con el término anterior y en referencia al cambio de paradigma que podría estar produciéndose en el mercado laboral a raíz de la pandemia, aparece el fenómeno de la “Renuncia Silenciosa” que hace referencia al compromiso limitado de los trabajadores con el puesto de trabajo, realizando solamente aquellas tareas asignadas en la descripción del puesto de trabajo y renunciando a cualquier otra tarea no especificada (Formica & Sfodera, 2022; Harter, 2022).
Tanto uno como otro fenómeno han sido objeto de amplio tratamiento en medios de comunicación y en el ámbito académico desde distintas perspectivas (Amanor-Boadu, 2022; Gittleman, 2022; Rowley, 2023), analizando, por un lado, si se trata de fenómenos puntuales desencadenados por el shock de la pandemia o de una tendencia creciente en el mercado laboral, y por el otro, tratando de determinar cuáles son los factores que explicarían esta tendencia, y si afecta a toda la fuerza laboral, independientemente de sus características, y a todos los sectores y empresas.
En un primer momento, se argumentó como causa principal del aumento exponencial de las dimisiones el impacto de la pandemia, el miedo al contagio y una revaluación de las prioridades vitales que pudo conducir a parte de la fuerza laboral a la dimisión en el momento de la reincorporación al lugar físico de trabajo (Canals & Díez, 2022). A ello habría contribuido el desapego a puestos de trabajo de escasa calidad, con condiciones progresivamente más precarias, ante los que la dimisión aparecía como un instrumento para reciclarse y buscar un empleo de mayor calidad (Hozić & Sun, 2023).
A esta primera causa, la del shock de la pandemia, y dado que estas siguen manteniéndose en un valor alto (Faulds & Raju, 2023), a pesar que se haya podido frenar el crecimiento de las renuncias voluntarias, se fueron añadiendo otras razones, como es el cambio generacional en el mercado laboral (Darden, 2023; Tessema et al., 2022). Así, se está produciendo una retirada progresiva de los denominados baby boomers. Para esta generación, el trabajo ocupa un lugar central en sus vidas, con carreras profesionales caracterizadas por permanecer muchos años en la misma organización y a la que son fieles. Por contra, para los trabajadores de las generaciones Y (millennials) y Z, la centralidad del trabajo en sus vidas es menor, siendo valoradas la autorrealización y la satisfacción personal por encima del trabajo y su remuneración, al mismo tiempo que buscan empresas donde la conciliación con la vida personal, el respeto, el reconocimiento, el desarrollo continuo, la justicia, la tolerancia y la equidad sean valores que formen parte de su cultura empresarial (De Smet et al., 2022; Kuzior et al., 2022; Parker & Horowitz, 2022). La falta de concordancia con estos valores, los llevaría a renunciar voluntariamente a sus trabajos, siendo el principal factor de renuncia la existencia de una cultura tóxica en la organización (Sull et al., 2022).
En este sentido Sull et al.(2022) consideran la existencia de una cultura tóxica como principal causa de renuncia, en un análisis empírico de los perfiles de 34 millones de empleados de EEUU que revela al menos otros cuatro factores por encima de la tradicional búsqueda de un mejor salario como principal predictor de abandono. Entre ellos, estarían la inseguridad laboral, los altos niveles de innovación de la organización, el no reconocimiento del rendimiento y, en quinto lugar, la falta de políticas en la empresa para proteger la salud y el bienestar de los empleados manifestada con una deficiente respuesta durante la crisis sanitaria de COVID-19.
Puede resultar paradójico que en las empresas que se encuentran a la vanguardia de la innovación las renuncias voluntarias y la rotación sean mayores, pero concuerda con el hecho que esa alta tasa de innovación requiere más horas de trabajo por parte de los empleados, trabajar más rápido y con mayor estrés y por tanto entraría en conflicto con la posibilidad de conciliación de la vida laboral con la personal, aspecto altamente valorado por las nuevas generaciones.
El aumento de los abandonos voluntarios se extendió a todos los grupos poblacionales y actividades, aunque no con igual intensidad. De este modo, en los grupos de menor edad y menor cualificación la tasa fue más elevada, así como en empleos manuales y administrativos vinculados al comercio minorista, de restauración y hotelero. También fueron altas las tasas entre los empleados de la consultoría de gestión y entre técnicos e ingenieros. Asimismo, dentro de empresas del mismo sector, incluso llegaron a triplicarse las tasas en algunas empresas con respecto a otras, de lo que podría inferirse que la cultura de la empresa pudo (y puede) influir en estas tendencias (Sull et al., 2022).
En España, también se ha producido un crecimiento de las personas empleadas que buscan un nuevo empleo, así como de las bajas por dimisiones, especialmente en el año 2022 (Felgueroso et al., 2024). De hecho, el crecimiento de las dimisiones voluntarias entre los afiliados a la Seguridad Social ha seguido una tendencia creciente según reflejan los datos de la Tesorería General de la Seguridad Social desde el final de la Gran Recesión, a partir del 2013, constituyendo paradójicamente una excepción los años de la pandemia. Además, esta modalidad de baja tiene un peso creciente en el conjunto de las mismas sin que el incremento de afiliados justifique este significativo aumento.
Finalmente, es curioso constatar cómo, si bien inicialmente estas bajas se concentraron mayoritariamente entre los afiliados con contratos temporales, a partir de 2021 la situación prácticamente se invirtió, siendo ahora mayoritarios los que proceden de contratos indefinidos. A este crecimiento contribuyó la Reforma Laboral de 2021 que desincentivó y puso límites al uso del contrato temporal y favoreció la contratación indefinida en la modalidad de fijo discontinuo, en donde esta figura, seguramente, es más frecuente por la falta de aceptación de los posibles y sucesivos llamamientos (Calvo Gallego et al., 2024; Felgueroso, 2024).
En este trabajo, presentamos un análisis del abandono voluntario entre los afiliados al Régimen General de la Seguridad Social utilizando la información de los registros administrativos de la Tesorería General de la Seguridad Social disponibles en su página web, así como información desagregada que para el periodo 2020‒2024 nos ha sido facilitada por dicho organismo. Esto nos permite realizar el análisis desagregado por sexo, nacionalidad y secciones CNAE con criterio 2009.
2. El incremento progresivo de las dimensiones en España: algo más que un episodio puntual
Con estas premisas, el análisis de las series temporales del número total de afiliados a fin de mes del Régimen General de la Seguridad Social, cuya causa de baja haya sido la dimisión voluntaria (causa 51), refleja, en primer lugar, que aún con claras fluctuaciones mensuales, el número de estos no ha dejado de incrementarse prácticamente desde el año 2014.
De hecho, y como puede apreciarse en el Gráfico 1, durante los trece años que ofrece esta estadística administrativa de la Tesorería General de la Seguridad Social, habríamos pasado de los pocos más de 62.000 afiliados en baja por dimisión voluntaria en enero de 2012 a los más de 213.000 en los datos, eso sí, aún provisionales, de enero de 2025. Esto supone, en definitiva, que el número de estas personas en baja por dimisión a fin de mes se habría más que triplicado durante este periodo de tiempo en el Régimen General, dando como resultado una clara y continuada línea de tendencia positiva que, lejos de ser un dato episódico o puntual parece reflejar una evolución constante durante al menos estos últimos diez años.
En este sentido, si para evitar las fluctuaciones mensuales, analizamos únicamente las diferencias extraídas de comparar estos mismos datos de afiliados del Régimen General en baja por dimisiones voluntarias en el último día en los meses de enero de cada año, frente a estos mismos datos de idéntico mes del año anterior (Gráfico 2) se observa con claridad cómo este diferencial es permanentemente positivo salvo en el año 2013 y, llamativamente, en los años especialmente intensos de la pandemia, esto es, en 2020 y 2021.
Esta última evolución vendría así a demostrarnos cómo, a pesar de que este fenómeno de la “gran dimisión” suele ligarse normalmente a los efectos de la pandemia, ello no es así, sino más bien todo lo contrario, al menos en el caso de España. En nuestro país, a diferencia de lo que ocurrió en Estados Unidos, la gran dimisión no es un fenómeno nacido, desarrollado y ligado fundamentalmente al periodo más duro de la crisis sanitaria por el rechazo a las vacunaciones impuestas por las empresas o por el temor a un contagio en el trabajo presencial, como ocurrió en el país americano. Muy al contrario, los datos parecen demostrar que la evolución fue la inversa ya que la masiva utilización en nuestro país del teletrabajo, la generalizada vacunación y el escaso dinamismo de nuestro mercado durante ese lapso temporal provocaron que llamativamente fuera ese mismo periodo 2020‒2021 el que produce el único crecimiento negativo, y además ciertamente significativo en el número de dimisiones contabilizadas.
Cuestión distinta es que los efectos psicológicos de la pandemia ayudaran al incremento exponencial experimentado en el año 2022. Este incremento, aun siendo positivo, se ha visto moderado en los años siguientes. No obstante, con datos provisionales, se aprecia un pequeño repunte en el caso de la comparativa entre los meses de enero de 2025 y 2024, por lo que habrá que realizar un seguimiento a futuro de este aspecto.
Es cierto que cabría plantear si este significativo incremento en las dimisiones durante estos últimos diez años podría deberse, básicamente, al conocido incremento que la afiliación en este régimen ha disfrutado durante estos últimos años. Pero como se señala en Calvo Gallego et al. (2024), y puede apreciarse en el Gráfico 3, este incremento de afiliados en baja es bastante más intenso que el de afiliados al Régimen General. Baste señalar cómo esta ratio pasó del 0,50% en enero 2012 al 1,79% en septiembre de 2024.
Es más, aún más significativo, al menos a nuestro juicio, es el incremento que las bajas por dimisión han tenido durante estos años en relación con el total de bajas, siempre en el Régimen General y computando el número de afiliados a fin de mes. En este sentido, y como puede apreciarse en el Gráfico 4, esta ratio habría pasado de un escaso 5,3% en enero de 2012 a un 12,6% en enero de 2025, habiendo llegado incluso a representar un 14,3% en febrero de 2023. De ser, por tanto, una causa de pase a la inactividad casi residual, habríamos transitado a una situación en la que doce de cada cien personas que están en baja, lo están como consecuencia de la voluntad unilateral del asalariado.
3. Dimisiones, tasas de desempleo y vacantes
Desde estas premisas lo que igualmente parece claro, y desde luego lógico, es que existe una clara correlación, positiva y negativa respectivamente, entre la evolución temporal en el número de afiliados en baja por dimisión voluntaria y otras dos variables proporcionadas por fuentes estadísticas distintas, pero estrechamente conectadas con esta singular evolución.
La primera es el total de vacantes que proporciona la Encuesta Trimestral de Coste Laboral. Esta encuesta recoge trimestralmente información sobre la demanda insatisfecha de mano de obra a partir del número de vacantes. A estos efectos, y de acuerdo con su Metodología (Instituto Nacional de Estadística, 2023), se entendería por vacante el puesto de trabajo que, o bien ha sido creado recientemente, o no está ocupado, o está a punto de quedar libre y para el cual el empresario está tomando medidas activas con objeto de encontrar un candidato idóneo ajeno a la empresa. Las vacantes de empleo, por tanto, reflejan en parte la demanda insatisfecha de mano de obra, así como los posibles desajustes entre la capacidad y la disponibilidad de los desempleados y los trabajadores buscados por los empleadores. Al ser los datos de esta encuesta trimestrales, la comparación se ha realizado con la medía trimestral del número de afiliados en baja por dimisión a fin de mes proporcionada por la TGSS (Gráfico 5).
Pues bien, en este caso, los datos demuestran una notable correlación positiva de 0,9158, lo que resulta lógico, al menos en aquellos casos en los que la dimisión es un instrumento para el paso de una actividad a otra o a un puesto vacante. Por tanto, la “percepción” de un incremento de estas vacantes parece estar relacionada con este incremento, si bien llama la atención que, en el periodo del que tenemos datos, el número de vacantes solo se ha duplicado mientras que la media trimestral de dimisiones se habría triplicado, lo que parece apuntar también a otros posibles factores como la necesidad de reciclaje o de formación incompatible con la actividad laboral, el paso a una actividad de cuidados familiares o de hijos, o el simple abandono por el mal ambiente laboral.
Sea como fuere una similar correlación, en este caso negativa, se aprecia nuevamente entre la media trimestral de afiliados a fin de mes en baja por dimisión voluntaria y la tasa de desempleo proporcionada por la EPA (Instituto Nacional de Estadística, 2025b). Como puede apreciarse claramente en el Gráfico 6 la caída en el desempleo parece fomentar el incremento de dimisiones, con una correlación en el mencionado periodo de -0,8630.
4. Dimisión y nacionalidad
En este contexto, un primer factor a estudiar es la nacionalidad. Para ello, hemos empleado como indicador la tasa entre el acumulado trimestral de afiliados del Régimen General en baja por dimisiones voluntarias a fin de mes, distinguiendo entre nacionales y extranjeros, sobre el total trimestral de afiliados del Régimen General fin de mes, considerando igualmente su nacionalidad (Gráfico 7).
Los datos evidencian diferencias significativas entre españoles y extranjeros a lo largo del período 2020-2023 (Gráfico 7). En general, los extranjeros presentan tasas de dimisiones sobre afiliados al Régimen General a final de mes significativamente más elevadas que los españoles en todos los años y trimestres analizados. En particular, los extranjeros registraron una tasa del 2,76% en el primer trimestre de 2020, superando en 194 puntos básicos (p.b.) a los españoles.
Esta diferencia no solo se mantiene, sino que se amplía con el tiempo, alcanzando su punto máximo de diferencia en 227 p.b. en el tercer trimestre de 2022, cuando la tasa de dimisiones en extranjeros se sitúa en un máximo de 3,66%. Estos datos sugieren, pues, que los extranjeros presentan un mayor número de dimisiones, con una tendencia ascendente y con un notable incremento entre el inicio y el final del período analizado. Y, en contraste, los españoles muestran un comportamiento más estable a lo largo de los cuatro años estudiados, con un crecimiento más moderado desde el inicio hasta el cierre del período.
Por último, si desagregamos estos datos por sexo (Gráfico 8), las tasas observadas resultan muy similares entre hombres y mujeres, según nacionalidad, que hacen considerar que esta variable no presenta características diferenciadoras relevantes.
5. Dimisiones y estructura sectorial
Si analizamos a continuación un segundo factor como sería la distribución sectorial de las dimisiones, los datos para los años 2020 a 2023 (Gráfico 9) demuestran una distribución porcentual del conjunto de afiliados en baja por dimisión nada equilibrada entre las distintas secciones de actividad. De hecho, los datos demuestran cómo a lo largo de estos cuatro años, este colectivo se ha concentrado en secciones de actividad específicas, mientras que en otras este mismo porcentaje es prácticamente nulo.
De este modo, destacan sin duda las secciones de actividad “I. Hostelería”, “G. Comercio al por mayor y al por menor; reparación de vehículos de motor y motocicletas” y “N. Actividades administrativas y servicios auxiliares”. Estas tres secciones representan por si solas cerca del 50% de las bajas por este motivo en 2023. Mientras que, en el lado opuesto, las secciones de actividad “B. Industrias extractivas”, “D. Suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado”, “E. Suministro de agua, actividades de saneamiento, gestión de residuos y descontaminación”, “T. Actividades de los hogares: como empleadores de personal doméstico y como productores de bienes y servicios para uso propio”, y “U. Actividades de organizaciones y organismos extraterritoriales” no representarían ni tan siquiera el 0,5% del total de personas en baja por dimisión en el mismo año.
Igualmente, parece destacable que esta distribución proporcional por secciones de actividad se mantiene o se reitera cada año, reflejando patrones evidentemente estables durante cada una de las anualidades estudiadas. Ello refleja la necesidad de un análisis específico que aborde en cada sección las posibles causas de esta irregular distribución.
Ahora bien, resulta también evidente que estos primeros datos pueden estar claramente influidos por la distribución de nuestros asalariados por los distintos sectores y ramas de actividad. Por ello, parece necesario realizar una segunda aproximación que analice estos datos teniendo en cuenta el porcentaje que estos trabajadores en baja por dimisión en cada sección representan sobre el total de afiliados a esa misma sección, sin mayores desagregaciones (Gráfico 10).
Bajo este enfoque, destaca de nuevo la sección “I. Hostelería”, no solo como la que mayor porcentaje de afiliados en baja por dimisión presenta entre las distintas secciones de actividad, sino también como aquella en la que el porcentaje de dimisionarios sobre sus afiliados a final de mes resulta más alto. Y algo similar cabría afirmar en relación con las secciones “R. Actividades artísticas, recreativas y de entretenimiento” y “N. Actividades administrativas y servicios auxiliares”.
En cambio, y desde esta segunda perspectiva, llama la atención que tomando solo los datos de los dos últimos años, esta tasa resultaría ser especialmente alta en secciones como “F. Construcción”, pero también obsérvese, en secciones como la “A. Agricultura, ganadería, silvicultura y pesca” o, al menos para los años 2020 y 2022, “U. Actividades de organizaciones y organismos extraterritoriales” que, como vimos en el Gráfico 9 suponían un escaso porcentaje de dimisiones sobre el total anual de estas para todas las secciones.
En contraste, y en el extremo opuesto, destacarían otras secciones, apuntadas anteriormente como “D. Suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado”, “E. Suministro de agua, actividades de saneamiento, gestión de residuos y descontaminación”, y “T. Actividades de los hogares: como empleadores de personal doméstico y como productores de bienes y servicios para uso propio”, junto con otras como “K. Actividades financieras y de seguros” u “O. Administración pública y defensa; seguridad social obligatoria”, las cuales presentan un valores inferiores al 0,5% anual.
En cualquier caso, y analizando estos mismos datos de una manera diacrónica, las líneas de tendencia representadas muestran que el total de bajas ha ido aumentando lentamente con el paso del tiempo, en la mayoría de los sectores. Destacan especialmente aquellos caracterizados por una elevada rotación y estacionalidad, como la hostelería y el entretenimiento, anteriormente apuntadas.
Esta evolución, entre 2020 y 2023, donde la mayoría de los sectores han experimentado un incremento en dichas tasas, puede deberse a diversos factores, entre ellos, cambios en las condiciones laborales, una mayor rotación de personal o incluso efectos retardados de la pandemia en determinadas actividades. Mientras que la excepción a esta tendencia general presentada por algunos sectores ya comentados, los cuales han mantenido cierta estabilidad o incluso han registrado una ligera reducción en las tasas de bajas, podría estar relacionada con su estructura laboral o con ajustes posteriores a la pandemia.
Por otro lado, cabe resaltar que “P. Educación” y “Q. Actividades sanitarias y de servicios sociales” han mantenido un crecimiento moderado pero sostenido, lo que sugiere una relativa estabilidad dentro de estos sectores esenciales. Sin embargo, “U. Actividades de organizaciones y organismos extraterritoriales”, es el único sector que ha registrado una disminución significativa en 2023, lo que podría responder a cambios en normativas o en las condiciones específicas de este ámbito. Del mismo modo, el sector “J. Información Y Comunicaciones” ha experimentado un leve descenso en 2023 tras un período de crecimiento sostenido, lo que podría indicar una estabilización tras el impulso de la digitalización acelerada por la pandemia.
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