Introducción
Los enfoques e iniciativas que permiten impulsar la protección ambiental como un objetivo integrado en una visión más amplia que abarca el bienestar humano son imprescindibles para conocer la actividad de Ecoembes y dimensionar su impacto. En este mismo sentido, una de las mayores consultoras del mundo en ingeniería y diseño sostenible articula toda su estrategia de negocios en torno a las llamadas tres “P”, con las que en Ecoembes nos sentimos plenamente identificados: Planet, People, Profit.
Esta visión, a modo de reactualización de la clásica definición del desarrollo sostenible -económico, social y ambiental- propone un triángulo simbiótico que necesita un equilibrio entre sus tres piezas, hasta el punto de que el orden de los elementos no altera el objetivo final, porque ninguno podría existir sin los otros dos. Aunque también es cierto que necesitan de un factor habilitante que lo haga tangible: la confianza entre personas, empresas e instituciones.
Ecoembes no solo trabaja con estas tres “P” -también llamada visión de triple balance-, sino que además las interrelaciona dotando de significado lo que muchos llaman el sostenibilismo de los procesos; es decir, comprender que el desarrollo sostenible se basa en una visión integrada de carácter económico, social y ambiental que no tiene un principio y un final, porque es en sí mismo una transformación permanente, un camino más que una meta.
Desarrollar una visión de negocio responsable, competitivo y acorde con los criterios ESG (y en línea con los principios de la Directiva Europea de Informes de Sostenibilidad Corporativa) es la base sobre la que establecemos la relación con nuestros clientes, que son más de 24.000 empresas, con las Administraciones públicas y con la ciudadanía. Y solo desde este ecosistema relacional, complejo y lleno de matices, podemos proyectar nuestro compromiso social y ambiental.
En Ecoembes posibilitamos el reciclaje de los envases de plástico, metal, papel, cartón, madera y brik, ya sean domésticos y, a partir del 2024, también de los envases comerciales, a través de un modelo de recogida separada en origen. Este hábito, que es ya plenamente conocido en nuestro país después de casi 30 años de actividad, implica a las empresas que colocan esos envases en el mercado, a las Administraciones públicas responsables de la recogida de residuos, a los gestores privados en lugares de alta afluencia y, por supuesto a la ciudadanía, sin cuya colaboración no sería posible esta cadena de valor.
Gracias a este compromiso, en 2024 logramos gestionar el reciclaje de 1,5 millones de toneladas de envases domésticos de plástico, papel-cartón, acero, aluminio y madera. La gran mayoría de estos envases fueron reciclados gracias a la recogida selectiva a través de más de 670.000 contenedores amarillos y azules, y cerca de 54.000 puntos de recogida en espacios de gran afluencia de personas. A la vista de estas magnitudes, es fácil comprender el impacto que tiene nuestra actividad en la generación de empleo de manera directa e indirecta.
Sin embargo, el volumen de los tipos de envases que son nuestra responsabilidad apenas significa el 8% de todos los residuos domésticos: 22 millones de toneladas que, a su vez, son una parte menor de los más de 112 millones de toneladas de residuos totales que se generan anualmente en nuestro país.
¿Por qué entonces la gestión de los residuos de envases tiene tanta visibilidad social y económica? Posiblemente, porque la gestión circular de los envases funciona como una actividad tractora y ejemplificante para los gestores de otro tipo de residuos y, en general, para el comportamiento y hábitos comunes de la sociedad. Somos, quizás porque llevamos muchos años haciéndolo, los prescriptores en la implementación de la economía circular, en parte también porque nuestra cadena de valor es madura, experimentada, tecnológicamente avanzada e incorpora a las empresas, las Administraciones públicas y la ciudadanía. Esto es una gran responsabilidad- y una oportunidad- para la actividad económica, para el empleo y para el conjunto de nuestra sociedad.
Empleo verde para un cambio de modelo
Transformar la linealidad de la actividad económica e industrial en procesos circulares es una palanca clave para la transición ecológica, la competitividad y la autonomía estratégica europea y, por ello, en la reconversión de empleo y las cualificaciones laborales necesarias para afrontar este cambio de paradigma que, además, está impactado por las nuevas tecnologías.
De lo contrario, seguiremos anclados en la pérdida de valor, dependiendo de recursos que, en realidad, no tenemos disponibles y que se agotan con rapidez. El Overshoot Day de 2025, la fecha del calendario en la que ya hemos “agotado” los recursos asignados para un año según las necesidades de regeneración de los recursos naturales, fue el 24 de julio. Año tras año esta fecha se adelanta más, porque cada vez nos “comemos” más rápido los recursos que en realidad pertenecen a las generaciones venideras. La economía circular se está consolidando en la Unión Europea como un pilar fundamental para la autonomía estratégica, funcionando de manera similar a las energías renovables en la reducción de la dependencia exterior. Al igual que las energías renovables reduce la dependencia de combustibles fósiles, la economía circular reduce la dependencia de materias primas importadas.
Este panorama crítico de la economía lineal se constata con las conclusiones del último de informe “Circularity Gap report 2026” de Circle Economy, donde se apunta que anualmente la economía mundial pierde en torno a los 24,5 billones de euros por no tratar y recuperar adecuadamente los materiales utilizados, por su uso ineficiente o por la reducción de su vida útil. Es una cifra nada desdeñable que roza el 25% del total del PIB mundial.
El propio World Economic Forum apunta la necesidad de regenerar los modelos productivos a través de la economía circular, una transformación que creará nuevas oportunidades a las empresas y que ya está demandando más profesionales para diferentes ámbitos, como las economías colaborativas, reutilización, infraestructuras verdes, reparación, reciclaje, energías renovables, ecodiseño, gestión del agua, etc. Añadiendo, por supuesto, que estas actividades descarbonizan la economía, reducen las emisiones de gases de efecto invernadero y luchan contra el cambio climático.
¿Es posible escalar a otra dimensión la economía circular? Nosotros en Ecoembes creemos que sí, que es posible y necesario. No solo por el cuidado ambiental, la mejora de la eficiencia o el impulso a la competitividad del sector empresarial, sino también porque estamos comenzando a “gestionar la escasez” de muchas materias primas que ya han pasado su punto crítico de agotamiento o están al borde de hacerlo.
Para alcanzar este nivel superior en la circularidad y poder dar un salto de calidad, hemos de transversalizar nuestras acciones: la economía circular es la solución no solo para los residuos de envases (ni siquiera para todo tipo de residuos); es la respuesta a un cambio de mentalidad y a una transformación socioeconómica que va a requerir miles de trabajadores preparados y con diferentes cualificaciones.
En este punto, dos informes recientes de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) refuerzan una idea clave: la circularidad solo escalará en Europa si sitúa a las personas en el centro. La AEMA advierte de barreras estructurales que todavía frenan la ampliación de modelos circulares —desde limitaciones regulatorias y dificultades de acceso a financiación hasta condiciones de competencia poco equitativas frente a los modelos lineales— y subraya que el avance debe venir acompañado de empleo de calidad, inclusivo y bien remunerado. No es una cuestión menor: entre 2014 y 2023, el empleo vinculado a la economía circular en la UE-27 creció un 10% hasta alcanzar aproximadamente 4,4 millones de puestos, y el Pacto Industrial Limpio de la Unión Europea apunta que solo la remanufactura podría generar hasta 500.000 nuevos empleos de aquí a 2030. Estas conclusiones, además, alimentarán la futura Ley de Economía Circular de la Comisión Europea, orientada a acelerar un mercado único de materias primas secundarias y a aumentar la disponibilidad de materiales reciclados de alta calidad.
Esto es posible y tenemos ejemplos en los que fijarnos. Los Países Bajos ya tiene una tasa de circularidad nada menos que del 36%. Es el Estado de la UE con mejores cifras, muy destacado respecto a todos los demás. Esto es posible porque, además de potenciar la cadena de acción “reducir, reutilizar, reparar, reciclar…”, su Gobierno introduce la visión de circularidad en todas sus estrategias y políticas nacionales, sus ciudadanos tienen un alto grado de compromiso, las empresas incorporan la economía circular como un vector transversal en todo sus modelos de negocio, se facilita el acceso a la financiación verde y, además, se crea un ecosistema formativo y de emprendimiento que permite atender la demanda de nuevos empleos y disciplinas en torno a las actividades de circularidad (a veces incluso antes de que existan).
Tanto es así, que la Agencia de Evaluación Ambiental de Holanda (PBL) y el Instituto Nacional de Salud Pública y Medio Ambiente (RIVM) están esbozando un proyecto de sistema de evaluación y seguimiento para medir el progreso hacia una economía circular más allá de los objetivos de la UE para aumentar uno de los índices más globales en circularidad: la tasa de productividad de los materiales, expresada en euros/kilo. Por ejemplo, la ciudad de Ámsterdam tiene un plan para ser 100% circular en el año 2050 trabajando especialmente en tres actividades: el flujo y tratamiento de residuos orgánicos y alimentarios; los bienes de consumo, y los entornos construidos. Su estrategia se basa en la llamada “Economía Donut” de Kate Raworth: conseguir crecimiento económico, empleo de calidad y mejora del bienestar de las personas, pero sin sobrepasar los límites físicos del Planeta.
Todo apunta a que la transición ecológica será una de las grandes generadoras de empleo en los próximos años -en algunos aspectos ya lo está siendo, por ejemplo, en la transición energética hacia fuentes renovables-. Sin embargo, esta transformación global creará también desigualdad entre sectores productivos ya que algunos sectores económicos saldrán ganando y otros incluso podrían desaparecer y, desde luego, se modificarán tal y como los conocemos a día de hoy.
No obstante, algunos de los indicadores inclinan la balanza para ver el futuro con optimismo: la Organización Internacional del Trabajo calcula que dar el paso a una economía sostenible y circular creará cuatro puestos de trabajo nuevos por cada uno que destruya.
Y es que las oscilaciones de la actividad económica influyen en el mercado laboral, y en el caso de nuestro país durante los últimos veinte años, la economía española ha encadenado ciclos de expansión, crisis y recuperación a gran velocidad. En ese periodo, las empresas han aprendido a competir en un entorno más exigente y, a la vez, han tenido que incorporar nuevas prioridades: eficiencia, innovación y sostenibilidad.
En paralelo a esa transformación del tejido productivo, el reto de avanzar hacia una economía circular ha pasado de ser una aspiración, a convertirse en una necesidad. Y aquí es donde Ecoembes ha desempeñado, de la mano de sus clientes y de las administraciones, un papel progresivo con la misión principal de acompañarles para que el cumplimiento normativo y la gestión de sus envases sean una parte integrada de su estrategia y un motor de competitividad.
Las empresas que integren de forma estratégica la transición hacia la economía circular no solo estarán respondiendo a una exigencia ambiental, sino que estarán asegurando su propia viabilidad en el mercado del futuro. Desde nuestra perspectiva, adoptar modelos basados en la reutilización de recursos, la eficiencia en la cadena de suministro y la reducción de residuos ya no es opcional, sino un factor crítico de competitividad. Aquellas organizaciones que logren rediseñar sus procesos con visión circular serán más resilientes frente a disrupciones, más atractivas para inversores y consumidores, y estarán mejor posicionadas para liderar en un entorno económico cada vez más exigente y regulado.
Además, en España, y esto es fundamental, las pymes suponen más del 95% del tejido empresarial. Están distribuidas por todo el territorio y compiten en sectores muy diversos, lo que convierte su actividad en una verdadera red de dinamismo económico. Esa capilaridad es también una gran oportunidad para acelerar la transición hacia la circularidad. Como en cualquier sistema complejo —un enjambre, una red neuronal—, el éxito no depende de la fuerza individual, sino de la calidad de las conexiones. En un contexto como el nuestro, cuando un cambio alcanza un tejido tan extendido, su impacto se multiplica. Si el estímulo llega claro y a tiempo, el sistema prospera, pero cuando el estímulo es confuso, el sistema se bloquea.
Hoy muchas pymes pueden sentir ese bloqueo. La normativa cambia rápido y no siempre de forma clara. La burocracia se multiplica. Y los recursos -tiempo, personal, financiación- no siempre alcanzan. A menudo, la sostenibilidad se vive como un coste y no como una palanca de competitividad. El resultado es un tejido empresarial que quiere avanzar, pero que necesita apoyarse en cómplices que les aporten claridad, método y espacios donde contrastar y enriquecer sus prácticas.
Los datos lo confirman y la experiencia lo refuerza. Un estudio desarrollado por ISTAS-CCOO en colaboración con Ecoembes, muestra que más de la mitad de las pymes no identifica con precisión qué implica la economía circular. La falta de criterios homogéneos dificulta la planificación. Y necesitan desarrollar formación específica y apoyo técnico para poder adaptarse de manera eficiente a las obligaciones ambientales y las regulaciones en materia de envases. La regulación europea marca una dirección inequívoca, aunque altamente exigente: desde los nuevos requisitos de diseño sostenible hasta las obligaciones de información ambiental. La demanda creciente de sostenibilidad por parte de grandes empresas y consumidores reconfigura expectativas. Para muchos, este contexto supone estímulo y presión a la vez: la urgencia de adaptarse convive con la necesidad de mantener competitividad, porque el ecodiseño genera al mismo tiempo una oportunidad para reducir costes a medio plazo y el miedo de encarecer las compras o reducir las opciones en un mercado ya ajustado.
En este escenario, la colaboración es decisiva: garantizar marcos comunes, programas de acompañamiento y redes para compartir retos y soluciones. Esa “arquitectura invisible” de apoyo transforma la normativa en gestión real, reduce incertidumbre y acelera la transición.
Ecoembes es empleo verde
Si queremos tener una visión completa de qué actividades se encuadran en la economía circular de los recursos, no hay nada más práctico que consultar el “diagrama de la mariposa” de la Fundación Ellen MacArthur. Esto nos sirve también para ubicar a Ecoembes en esta compleja cadena de valor y comprender que no solo somos generadores de empleo verde, sino que además posibilitamos que toda esta cadena de circularidad de los residuos de envases pueda funcionar impulsando la innovación y creando miles de puestos de trabajadores, unos más tradicionales y otros totalmente disruptivos.
Los alrededor de 200 profesionales que formamos Ecoembes actualmente tenemos un alto compromiso con el medio ambiente, con la sociedad y con las empresas, con quienes compartimos y también trabajamos de la mano desde esa visión, que también trasladamos a todos nuestros proveedores. Esto supone una motivación muy especial para los equipos y para las personas que trabajan con nosotros. Promovemos una cultura del trabajo basada en la integración, en el impacto positivo en nuestro entorno, en la colaboración, en la transparencia, en la promoción del talento, en el liderazgo y en la innovación, porque creemos que la circularidad, en sí misma, es una forma de entender el mundo que integra todos estos valores. Es fácil comprender que nuestra meta final es un futuro sin residuos. Más circular, imposible.
Más allá de los equipos humanos propios, promovemos el empleo verde entre todos nuestros grupos de interés. Por ejemplo, trabajamos estrechamente con nuestros 24.000 clientes en el desarrollo de planes de prevención y ecodiseño para reducir el material utilizado en la fabricación de los envases (cada vez son más ligeros en un proceso de desmaterialización), en implementación de procesos más eficientes o en la innovación con nuevos materiales más ecológicos y con menor huella de carbono. Además formamos a más de 200.000 profesionales en economía circular a través de TheCircularCampus, nuestro hub de conocimiento y formación en economía circular y envases. Estamos en un momento crucial en la transición de las compañías hacia la circularidad, marcado por una nueva normativa que trae requerimientos que comprender para poder aplicar. Las empresas necesitan profesionales formados y actualizados que puedan liderar esa transición,
Los proveedores de Ecoembes han de cumplir una serie de requisitos para estar alineados con cultura de la organización, especialmente integrar los principios de eficiencia, ética empresarial y desarrollo sostenible. Las empresas recicladoras con las que trabajamos, y que deben estar homologadas, garantizan la trazabilidad de los materiales recuperados. Por su parte, trabajamos con las plantas de selección, donde se procesan y preparan para su reciclado los residuos de envases, instalaciones cada vez más digitalizadas donde está cambiando el perfil formativo de sus empleados.
Además, tenemos que añadirle la actividad de la recogida selectiva en los más de 8.100 municipios que hay en España; desde grandes ciudades hasta el más pequeño de los pueblos. Esta recogida separada de los envases domésticos en los contenedores y puntos amarillos y azules es posible gracias al compromiso ambiental de nuestros clientes. Aunque la responsabilidad final de la recogida selectiva es de los ayuntamientos, siempre acompañados y asesorados por nosotros, son las empresas que colocan los envases en el mercado quienes financian esta actividad a través de la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP). Ecoembes hace posible esta transferencia entre empresas y Administraciones públicas.
Esto es especialmente relevante durante este año 2026: tenemos que ser capaces de seguir aportando valor a nuestros clientes con el foco en el cumplimiento de los objetivos de la regulación más ambiciosos y más complejos. Pero también ser capaces de aportar valor a las Administraciones porque los retos de los productores son retos a los que nos enfrentamos como país y debemos ayudar no sólo a implementar la regulación, si no ser los mejores aliados en el desarrollo de políticas públicas que lo faciliten. No podemos olvidarnos de que la cadena del envase implica a muchos actores, cada uno con diversas obligaciones y capacidades de hacer que el cambio suceda; trabajar en alianzas es más importante cada vez e indispensable si queremos superar todos los retos comunes que tenemos. 2026 es solo el comienzo, ya que este acompañamiento experto será clave en próximos años.
Los objetivos de reciclado a escala que habrá que cumplir en unos años; los de reciclado -de plásticos en particular-; los de recogida separada de todos los materiales; los de incorporación de material reciclado; los de reporte; los de reutilización; los de reducción; son grandes desafíos en los que debemos acompañar y aportar soluciones.
Todo este círculo de colaboración, que tiene a Ecoembes como su rotor principal, es uno de los principales creadores de empleo verde en España, impactando también en otros nichos como las energías renovables y la eficiencia energética, el transporte sostenible, la digitalización de procesos, la innovación en sistemas de recogida y tratamiento de residuos-recursos, educación para la sostenibilidad, la preservación de los ecosistemas naturales y la biodiversidad, o la lucha contra el cambio climático.
Las vidas también se reciclan
Como parte de nuestros compromisos con las personas y el Planeta, en Ecoembes llevamos más de 12 años implementando un proyecto que aúna acción social, impulso del reciclaje y creación de nuevas oportunidades del empleo verde.
Me refiero al programa de inserción sociolaboral “Reciclar para cambiar vidas”, cuya finalidad es facilitar el acceso al empleo en el sector del reciclaje a personas vulnerables y en riesgo de exclusión social. Determinadas actividades de la cadena del reciclaje, por ejemplo, en plantas de selección o en las instalaciones de las empresas recicladoras, requieren de empleados con un alto nivel de especialización, más teniendo en cuenta el impacto que la innovación tecnológica está produciendo en este tipo de espacios de trabajo.
“Reciclar para cambiar vidas”, que nació en 2014, posibilita procesos formativos especializados (incluyendo prácticas en empresas) para personas que están recluidos en centros penitenciarios, de manera que al cumplir su condena puedan acceder a un puesto de trabajo en el sector del reciclaje garantizándoles su inclusión social y una estabilidad laboral y económica que les permita rehacer sus vidas.
El programa está abierto a la participación de envasadores, distribuidores, operadores de residuos, recicladores, etc. Gracias a que compañías que se han animado a participar en el programa, Ecoembes pudo crear en 2017 una Red de Empresas Colaboradoras con más de 50 miembros que se implican con el proyecto en la fase de empleabilidad.
Este proyecto impulsado por Ecoembes en colaboración con sus empresas colaboradoras tiene al apoyo de la Obra Social de ‘la Caixa’ con su red de más de 750 técnicos en inserción laboral y su red de entidades sociales, así como de Instituciones Penitenciarias del Ministerio del Interior. En concreto, participan 45 centros penitenciarios y las más de 50 empresas colaboradoras, además de otras organizaciones como Fundación Trinijove, Fundació Deixalles, Fundación Tomillo y Asprona, entre otras. En total, el programa tiene la colaboración de 486 entidades sociales y la participación de más de 1.170 técnicos.
De las conclusiones que se extraen de este proyecto, nosotros destacamos cuatro que creemos importantes: si se quiere tener un impacto real hay que trabajan creando alianzas y espacios de colaboración: es necesario que el proyecto social esté muy pegado a la estrategia de las compañías; el proyecto debe contribuir a los objetivos corporativos de las organizaciones colaboradoras, y es imprescindible la figura de un coordinador que gestione la escucha activa, el liderazgo de la iniciativa y la flexibilidad del proyecto adecuándolo a las necesidades de los colaboradores.
Gracias a unos 400 programas formativas ya impartidos, “Reciclar para cambiar vidas” ya ha creado empleo para más de 3.000 personas. Detrás de estas cifras, hay cientos de historias personales de superación que demuestran cómo la vida nos puede dar segundas oportunidades, ratificando que sí se pueden localizar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en proyectos tangibles que aterricen en la sociedad las metas de la Agenda 2030.
Concretamente, “Reciclar para cambiar vidas” está alineado con el Objetivo 4, que busca garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, además de promover oportunidades de aprendizaje para todos. También está vinculado al Objetivo 10 para la reducción de la desigualdad y el 17 que aspira a promover las alianzas para el desarrollo sostenible.
Redes de empleo social
Una buena parte de todos los puestos de trabajo que está demanda la creciente implantación de la economía circular son creados por organizaciones y programas que promueven el empleo social enfocado a la inserción de personas en riesgo de exclusión o con capacidades diferentes. Al igual que antes mencionábamos nuestro programa “Reciclar para cambiar vidas”, existen otros casos de éxito que demuestran el impacto social del empleo en actividades como la reutilización, recuperación, selección o reciclaje de residuos.
A nivel europeo, es encomiable la actividad de Reuse and Recycling European Union Social Enterprises, RREUSE, y su trabajo en empleabilidad social bajo los principios de la protección del medio ambiente, la justicia social y la viabilidad económica. En sus años de vida ha logrado dar empleo con enfoque social a más de 40.000 personas.
Esta red de redes engloba a decenas de organizaciones, entre ellas la Asociación Española de Recuperadores de Economía Social y Solidaria, AERESS, especializada en la inserción sociolaboral y la gestión de los residuos, y formada por unas 36 entidades españolas (algunas de ellas colaboradoras de “Reciclar para cambiar vidas”, como Fundació Deixalles). Otros ejemplos de organizaciones que promueven el empelo social en el sector de la gestión de los residuos son Koopera en el País Vasco, Tots Units en la Comunidad Valenciana o Traperos de Emaus en Navarra.
La cara social del empleo circular
En Ecoembes trabajamos desde el epicentro de la economía circular y tenemos una posición privilegiada para comprender su impacto en el empleo y cómo la circularidad asociada a la desmaterialización de los procesos industriales y de consumo están transformando el mercado laboral.
Pero también somos conscientes de la cara social del empleo verde y de que la realidad global no es solo lo que pasa “en nuestro país”. La economía circular como respuesta es tan global tanto en cuanto los desafíos que pretende resolver también son de carácter universal. La economía circular también es transferencia del conocimiento para la formación de las futuras generaciones y para una transición verde que o es de escala mundial o no será.
El informe “Empleo en la Economía Circular: Aprovechar la circularidad para crear trabajo decente” indica que hay entre 121 y 142 millones de personas que trabajan en actividades asociadas a la circularidad, si bien la mitad de ellas lo hacen desde la economía informal y, especialmente, en el llamado Sur Global formado por países pobres o en vías de desarrollo.
Estos datos tienen una lectura social de gran calado que nos permite comprobar cómo en las sociedades menos desarrolladas económicamente la reparación, reutilización, recuperación y reciclaje son actividades muy habituales que tienen que ver como la escasez y el máximo aprovechamiento por necesidad de los diversos recursos disponibles, frente a las sociedades desarrolladas donde durante décadas hemos desaprovechado nuestros recursos en procesos lineales con un alto nivel de desperdicio e ineficacia.
La diferencia entre ambas economías se detecta también en el tipo de empleos circulares: casi la mitad (46%) están dedicados a la reparación y mantenimiento, especialmente en países del Sur Global, mientras que la gestión de los residuos supone solo un 8%. Sin embargo, en Europa parece que en algún momento de nuestra historia reciente se nos olvidó reducir, reparar o reutilizar.
Al igual que el trabajo en economía circular puede ser una gran oportunidad para determinados colectivos menos favorecidos o en riesgo de exclusión social tanto en los países ricos como en los más pobres, hay que tener especial cuidado en estos últimos al regularizar un proceso de economía circular. Por ejemplo, la normalización en países en vías de desarrollo de la recogida selectiva de determinados materiales como el cartón ha dejado sin empleo a un importante número de personas de rentas bajas que se movían en la economía informal.
Los principios circulares de desmaterialización, eficiencia, ecodiseño y reaprovechamiento no nos pueden desviar la atención de otro enfoque que hemos de tener en cuenta. Si bien es cierto que la sociedad vincula el reciclaje con la protección y ciudad el medio ambiente, desde Ecoembes no descuidamos las posibilidades que nos ofrece nuestra actividad para avanzar también en la protección social, especialmente de los colectivos menos favorecidos o en riesgo de exclusión social.
Una apuesta por la economía circular común
España, del mismo modo que lo hace Europa debe reafirmar su liderazgo en materia de economía circular manteniendo sus compromisos porque, pese a la dificultad del contexto actual, tiene una oportunidad clara para conseguir ser un referente global, ya que dispone de tejido industrial adecuado, de talento especialista en la materia y de una sociedad activa para transformar la economía utilizando la ventaja competitiva que ya supone el empleo verde. Todos los sectores productivos en nuestro país necesitan y deben aprovechar esta orientación a la innovación, a la productividad y al desarrollo del empleo de calidad. Son, de hecho, el ejemplo al que debemos mirar como aspiración de mejora. Avanzan hacia los objetivos al mismo tiempo que mejoran la economía, reforzando nuevas líneas de inversión claramente competitivas. Y lo hacen, además, con colaboración. Porque esta aporta algo insustituible: previsibilidad. Cuando las normas son claras, los riesgos se acotan y la inversión llega.
En Ecoembes llevamos 29 años trabajando mano a mano con las empresas y con las administraciones regionales y locales para demostrar precisamente que los compromisos ambientales se convierten en resultados. Tenemos una economía competitiva y creciente dentro de Europa, y eso debe traducirse en más industria, más innovación y más empleo verde. La economía circular es el eslabón que une sostenibilidad y competitividad. Ecodiseño, reutilización y reciclaje avanzado reducen emisiones, ahorran materiales críticos y mejoran nuestra autonomía estratégica. En este camino, la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP) es un instrumento especialmente eficaz ya que ha demostrado ser una herramienta de éxito para convertir obligaciones ambientales en sistemas operativos y resultados medibles. Además, su extensión a nuevas tipologías de residuos supone un impulso directo a la inversión, a la innovación y al desarrollo del empleo verde. El hecho de contar con unas reglas claras – marcadas por la responsabilidad ampliada del productor y estándares de reciclado y trazabilidad digital- ofrecen al sector privado las garantías para invertir en nuevas plantas, en química de reciclaje, en logística inteligente y en empleo local de calidad.
Me gustaría añadir, además, una dimensión que a menudo se pasa por alto: sin calidad y datos, la circularidad no tiene la posibilidad de escalar. No basta con recoger más, hay que garantizar materias primas secundarias estables y trazables y que resulten confiables para que la industria. Del mismo modo, la ecomodulación en la responsabilidad ampliada del productor debe premiar el buen diseño (materiales reciclables, monomateriales, menor peso, reutilización) y penalizar lo contrario, enviando señales claras de precio. Desde Ecoembes, nuestra prioridad es seguir trabajando con empresas y administraciones para mejorar la separación en origen, digitalizar la trazabilidad y elevar la calidad del material recuperado, apoyando a municipios y empresas de todos los tamaños en el cambio. Así convertimos el residuo en valor industrial certificable, capaz de atraer inversión y empleo en España y en Europa. Creamos competitividad a través de la sostenibilidad. Existe una relación directa entre sostenibilidad y competitividad, y la economía circular es el vínculo entre ambas.
En definitiva, hay muchas formas de contribuir y fomentar el empleo verde y de continuar apostando por la diversidad de oportunidades en el entorno laboral, y en Ecoembes creemos firmemente que el empleo verde no es solo una tendencia, sino un pilar estratégico para el desarrollo económico y la resiliencia de las compañías a largo plazo. Apostar por la economía circular impulsa la innovación, genera nuevas oportunidades laborales de calidad y fortalece la competitividad en un mercado global cada vez más exigente en materia ambiental. Al mismo tiempo, permite avanzar hacia modelos productivos responsables que preservan los recursos naturales y mitigan los efectos del cambio climático. Para las compañías, integrar el empleo verde en su visión no es únicamente una cuestión ética, sino una decisión inteligente que alinea crecimiento y sostenibilidad, asegurando valor tanto para la sociedad como para las generaciones futuras.
Y si hay un elemento que conecta empleo verde, innovación y futuro del trabajo es el talento joven. En Ecoembes lo vemos a través de TheCircularLab, nuestro centro de innovación abierta en economía circular, y de un programa que ya se ha consolidado como un semillero de perfiles “verdes” con mirada multidisciplinar: Circular Talent Lab. Una iniciativa que pretende responder a una necesidad creciente del mercado: profesionales capaces de moverse entre sostenibilidad, datos, operativa, diseño y visión de usuario.
Pero para que el empleo verde crezca de forma sostenida necesitamos, además de inversión y reglas claras, un ecosistema que acelere la innovación. En este sentido, las startups de economía circular están aportando soluciones que mejoran procesos, trazabilidad y eficiencia, pero su verdadero impacto llega cuando pueden escalar: cuando un piloto se convierte en despliegue, y el despliegue en tejido empresarial y empleo. Y esa escalabilidad exige también talento. Por eso es significativo que cada vez más universidades estén incorporando másteres y programas especializados en economía circular. La empleabilidad del futuro pasa por la formación y por el conocimiento aplicado. Ese es el camino para convertir la circularidad en competitividad y el compromiso ambiental en oportunidades reales para las personas.
En un país que necesita mejorar su tasa de circularidad y prepararse para los retos de recursos, clima y competitividad, apostar por empleo verde significa apostar por un futuro más resiliente. Y, sobre todo, significa apostar por una transición en la que la sostenibilidad no sea una obligación, sino una oportunidad compartida.