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El informe Renewable Energy and Jobs: Annual Review 2025, elaborado por la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) examina la evolución reciente del empleo en el sector de las energías renovables en un contexto de madurez de la transición energética global. El análisis pone de relieve un cambio estructural relevante: aunque el empleo ha alcanzado un máximo histórico de 16,6 millones de puestos, su crecimiento se desacelera debido a la automatización, la digitalización y las economías de escala, lo que reduce la intensidad laboral por unidad de energía producida. Asimismo, el informe destaca una fuerte concentración geográfica del empleo, vinculada al control de las cadenas de valor industriales, con especial protagonismo de la energía solar fotovoltaica como principal generadora de puestos de trabajo. Más allá de la dimensión cuantitativa, IRENA y la OIT subrayan la importancia de integrar políticas industriales, energéticas y laborales para garantizar una transición justa, abordando desafíos como la escasez de cualificaciones, las desigualdades de género y la calidad del empleo. El informe apunta que el futuro del empleo en renovables será más cualificado, digital y dependiente de estrategias industriales coherentes.
OIT Organización Internacional del Trabajo
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1. Introducción: una transición energética en fase de madurez
El informe Renewable Energy and Jobs: Annual Review 2025 de IRENA y la OIT, que se publicó en enero de 2025, muestra que la transición energética global ha alcanzado una nueva etapa caracterizada por la consolidación del crecimiento de las energías renovables y, al mismo tiempo, por una transformación estructural en la dinámica del empleo asociado.
En 2024, el empleo global en energías renovables alcanzó los 16,6 millones de puestos de trabajo, lo que constituye un máximo histórico. Sin embargo, el crecimiento anual fue de solo 2,3%, lo que evidencia un cambio relevante: el empleo ya no crece al mismo ritmo que la capacidad instalada.
La principal conclusión es clara: la transición energética sigue generando empleo, pero cada vez de forma menos intensiva en mano de obra, reflejando una mayor madurez del sector.
2. Desacoplamiento entre crecimiento energético y empleo
Uno de los hallazgos más importantes del informe es el desacoplamiento entre la expansión de las energías renovables y la creación de empleo.
Mientras la capacidad instalada continúa aumentando rápidamente, el empleo crece más lentamente debido a varios factores estructurales:
Automatización de procesos industriales
Digitalización de la operación y mantenimiento
Economías de escala en grandes proyectos
Optimización de cadenas de suministro
Como resultado, se observa una tendencia clara: cada megavatio instalado genera menos empleo que en el pasado. Este fenómeno no indica un retroceso, sino una transición hacia un sector más productivo y eficiente.
3. Distribución global del empleo: fuerte concentración geográfica
El empleo en energías renovables está altamente concentrado en unos pocos países, lo que refleja diferencias en capacidades industriales y tecnológicas.
China domina claramente el panorama global, con aproximadamente 7,3 millones de empleos, lo que representa cerca del 44% del total mundial. Este liderazgo se explica por su control de la manufactura, especialmente en energía solar.
A considerable distancia se sitúan:
Unión Europea: ~1,8 millones de empleos
Brasil, India y Estados Unidos: entre 1 y 1,4 millones cada uno
Este reparto evidencia una cuestión clave: el empleo no depende solo de instalar renovables, sino de controlar las cadenas de valor industriales. Los países que fabrican tecnología capturan mucho más empleo que aquellos que solo la despliegan.
4. Empleo por tecnologías: dominio de la solar
El análisis sectorial muestra que la distribución del empleo varía significativamente según la tecnología.
La energía solar fotovoltaica es el principal motor de empleo, con alrededor de 7,3 millones de puestos de trabajo, lo que la convierte en la tecnología dominante. Este liderazgo se debe tanto a su rápida expansión como al peso de la manufactura en su cadena de valor.
Le siguen:
Biocombustibles líquidos: ~2,6 millones de empleos
Hidroeléctrica: ~2,3 millones
Energía eólica: ~1,9 millones
En conjunto, estos datos muestran que las tecnologías con mayor componente industrial generan más empleo, especialmente cuando incluyen actividades agrícolas o manufactureras.
5. Factores estructurales que limitan el crecimiento del empleo
El informe identifica varias razones que explican la desaceleración relativa del empleo en el sector.
En primer lugar, la automatización y digitalización están reduciendo la necesidad de mano de obra en la fabricación y operación de instalaciones.
En segundo lugar, las economías de escala permiten que grandes proyectos requieran menos trabajadores por unidad de energía producida.
Además, existe exceso de capacidad industrial, especialmente en el sector solar, lo que presiona los precios y favorece la consolidación empresarial.
También influyen los cuellos de botella en las redes eléctricas, que limitan la integración de nuevas instalaciones, así como las tensiones geopolíticas y comerciales, que afectan a las cadenas de suministro.
En conjunto, estos factores reflejan una tendencia clara:
El crecimiento del empleo dependerá cada vez más de decisiones industriales y no solo del despliegue energético.
6. Dimensión social: retos de inclusión y calidad del empleo
El informe subraya que la transición energética debe ser no solo eficiente, sino también justa e inclusiva.
Persisten importantes desigualdades. Las mujeres están claramente infrarrepresentadas, especialmente en roles técnicos y de liderazgo. Asimismo, las personas con discapacidad enfrentan barreras significativas para acceder al sector.
Esto revela que el crecimiento del empleo no garantiza automáticamente equidad. Por ello, el informe insiste en que:
• La transición energética debe ser también una transición social
• La calidad del empleo es tan importante como su cantidad
Entre las recomendaciones destacan el impulso a la formación inclusiva, la eliminación de barreras estructurales y el fortalecimiento del diálogo social entre gobiernos, empresas y trabajadores.
7. Políticas públicas y desarrollo de cadenas de valor
Uno de los mensajes más relevantes del informe es que el empleo en renovables depende en gran medida de las políticas públicas.
Los países que más empleo generan son aquellos que han desarrollado:
• Cadenas de valor completas
• Capacidades industriales propias
• Políticas de innovación y formación
Esto implica que la transición energética requiere un enfoque integrado que combine:
• Política energética (despliegue de renovables)
• Política industrial (fabricación y tecnología)
• Política laboral (formación y empleo de calidad)
El informe destaca especialmente la importancia del capital humano, señalando que la escasez de habilidades puede convertirse en un cuello de botella clave en los próximos años.
8. Contexto europeo y papel de España
En la Unión Europea, el empleo en energías renovables se sitúa en torno a 1,8 millones de puestos de trabajo, con un crecimiento más moderado que en Asia. Uno de los principales retos es la dependencia de importaciones tecnológicas, especialmente en el sector solar.
Este crecimiento ha generado empleo, principalmente en instalación, operación y mantenimiento. Sin embargo, el informe sugiere que el potencial a largo plazo dependerá de un factor clave: la capacidad de desarrollar una base industrial nacional asociada a las energías renovables.
España presenta oportunidades importantes, como su potencial en hidrógeno verde, su recurso solar y eólico, y su posición estratégica en Europa. Entre 2017 y 2024, el empleo en el sector de las energías renovables en España creció de forma significativa, aunque en 2024 se registró un ligero retroceso respecto al año anterior. La energía solar sigue siendo el principal motor de empleo, con unos 41.000 puestos en la solar fotovoltaica conectada a red en 2024. Sin embargo, el segmento de autoconsumo solar sufrió una fuerte caída tras su máximo en 2022, como consecuencia de la reducción de incentivos, mayores costes de financiación y tensiones en la cadena de suministro. España mantiene asimismo una posición destacada en solar térmica, tanto en centrales termosolares como en aplicaciones de baja y media temperatura para edificios e industria, que en conjunto aportaron cerca de 2 000 empleos adicionales.
La energía eólica mostró un crecimiento sostenido del empleo en España, pasando de unos 23.700 trabajadores en 2017 a casi 37.000 en 2024, apoyada en una sólida base industrial y en nuevas oportunidades, como la eólica marina. En biomasa, biogás y residuos renovables, el empleo se ha mantenido estable, aunque con un desplazamiento desde la biomasa sólida hacia el biogás y, en particular, el biometano, que se perfila como un vector estratégico para la seguridad energética y el empleo rural. El hidrógeno verde emerge como un sector incipiente, con más de 750 empleos en 2024, pero con expectativas de fuerte crecimiento a medio plazo. Finalmente, persiste un importante reto en términos de igualdad de género: las mujeres representan solo el 26% del empleo en las renovables y sectores verdes, lo que ha llevado a las autoridades a priorizar medidas para una transición ecológica más inclusiva.
9. Perspectivas de futuro del empleo en renovables
El informe anticipa que el empleo en energías renovables seguirá creciendo, pero con características distintas a las del pasado.
El futuro del empleo estará marcado por:
• Mayor cualificación técnica
• Mayor peso de la digitalización
• Crecimiento de sectores emergentes como almacenamiento, redes inteligentes e hidrógeno.
En este contexto, el empleo será menos intensivo, pero potencialmente más cualificado y especializado.
10. Conclusiones estratégicas
El informe transmite tres ideas fundamentales que resumen la situación actual:
En primer lugar, las energías renovables son ya un gran motor de empleo global, con 16,6 millones de trabajadores, consolidándose como un sector clave de la economía mundial.
En segundo lugar, el modelo de creación de empleo está cambiando, con una reducción de la intensidad laboral debido a la automatización y la eficiencia.
En tercer lugar, el éxito de la transición dependerá de su dimensión social e industrial, no solo tecnológica. Las personas que trabajan en la energía renovable son la clave para una transición energética exitosa. La formación es esencial y debe adaptarse rápidamente a las competencias requeridas. El diálogo social es esencial para afrontar este reto, así como el de la calidad en el empleo y las desigualdades.
El futuro del mercado laboral estará marcado por la triple transición -social, ecológica y digital- que aborda Alwine Woischnik, en el contexto de Europa y de América Latina y el Caribe, considerando que a la vez que se pierden puestos de trabajo se generan otros nuevos y resaltando la contradicción que significa que una economía tenga un volumen importante de desempleo, y a la vez, están aumentando los puestos de trabajo para los que las empresas no encuentran profesionales adecuados. Este hecho hace reflexionar sobre los enormes desafíos para la educación, la formación y el aprendizaje continuo que se convierten más que nunca en factores determinantes.
La transformación del sector de los plásticos en España se articula en torno a la formación como palanca estratégica para la competitividad y la sostenibilidad. ANAIP (Asociación Española de Industriales de Plásticos) impulsa este cambio mediante el Campus de los Plásticos, un ecosistema formativo que conecta conocimiento técnico y práctica industrial para afrontar la doble transición digital y verde. El sector, compuesto mayoritariamente por pymes y con una elevada estabilidad laboral, exige perfiles cada vez más cualificados, capaces de integrar capacidades técnicas, digitales y regulatorias. La oferta formativa se orienta a cubrir este desajuste mediante programas en procesos productivos, reciclaje, sostenibilidad, inteligencia artificial y mejora operativa, con impacto directo en productividad, eficiencia y cumplimiento normativo. Además, iniciativas como AseTUB refuerzan la especialización en infraestructuras sostenibles, especialmente en la gestión eficiente del agua. En conjunto, el modelo demuestra que la capacitación continua no solo facilita la adaptación al nuevo marco regulatorio, sino que impulsa una industria más innovadora, eficiente y alineada con la economía circular.
El envejecimiento de la población activa y la expansión de la economía verde configuran dos transformaciones clave del mercado laboral. Generación SAVIA, proyecto de Fundación Endesa en colaboración con Fundación Máshumano, analiza esta intersección, destacando que las personas mayores de 50 años concentran una parte significativa del desempleo y enfrentan dificultades de reinserción asociadas a barreras formativas, digitales y de acceso al empleo. Al mismo tiempo, este colectivo aporta experiencia, conocimiento y competencias estratégicas relevantes en contextos de cambio. El texto muestra que la economía verde emerge como un espacio de oportunidad para reorientar trayectorias profesionales, con potencial de generación de empleo en ámbitos como energías renovables o economía circular. Sin embargo, persiste un desajuste entre la elevada disposición del talento sénior a incorporarse a estos sectores y las limitaciones existentes en formación específica, intermediación y reconocimiento empresarial. Ante este escenario, iniciativas como el proyecto SAVIA evidencian que la conexión entre experiencia acumulada y nuevas demandas productivas es viable mediante formación adaptada, acompañamiento y cambio cultural, abriendo vías reales de integración en los mercados emergentes.
En un contexto de policrisis marcado por el desempleo estructural, la exclusión social y los retos de sostenibilidad, Ángel Leo-Revilla analiza el modelo ISIFARMER como una propuesta innovadora para redefinir la relación entre formación, empleo y economía verde. Frente a las limitaciones de los enfoques tradicionales, el artículo plantea un cambio conceptual: diseñar el empleo desde su origen, integrando aprendizaje, producción y acceso al mercado en un único proceso. El núcleo del modelo se articula en torno a la Agricultura Vertical Urbana y un enfoque de triple impacto que combina generación de empleo digno, inclusión sociolaboral y producción sostenible de proximidad. La incorporación de tecnologías como inteligencia artificial y plataformas digitales reduce las barreras técnicas, facilitando la participación de colectivos vulnerables mediante itinerarios formativos vinculados a actividades económicas reales. Asimismo, el análisis destaca el papel de las alianzas estratégicas y los programas de emprendimiento como palancas para escalar el modelo y garantizar su impacto. En conjunto, el trabajo concluye que la integración efectiva entre innovación tecnológica, inclusión social y mercado permite avanzar hacia una transición verde más accesible y equitativa.
La transición ecológica redefine el mercado de trabajo al provocar una reorganización profunda del tejido productivo, combinando la destrucción de empleo en sectores intensivos en carbono con la generación de nuevas oportunidades en la economía verde. Manuel Riera analiza este proceso desde la perspectiva de la transición justa, subrayando que su impacto no puede medirse únicamente en términos de empleo neto, sino atendiendo a su calidad, localización y ajuste temporal. El artículo destaca que los beneficios potenciales en creación de empleo pueden verse limitados por desajustes territoriales y sectoriales, especialmente cuando los nuevos puestos no coinciden en tiempo y lugar con los que desaparecen. Asimismo, insiste en que el empleo verde solo es plenamente sostenible si garantiza condiciones de trabajo decente y evita reproducir dinámicas de precariedad. Finalmente, se resalta el papel de la formación, la anticipación y el diálogo social como elementos clave para facilitar la adaptación laboral. El balance sitúa la transición justa como marco necesario para integrar sostenibilidad ambiental, cohesión territorial y calidad del empleo.
La transición hacia la circularidad del sector textil y del calzado en España implica una transformación estructural de la cadena de valor, en la que la sostenibilidad pasa a ser un factor central de competitividad e innovación. Juan Ramón Meléndez analiza este proceso destacando el papel de la economía circular como marco para alargar la vida útil de los productos y convertir los residuos en recursos con valor económico. El análisis pone de relieve la complejidad del cambio, condicionada por factores económicos, regulatorios y de comportamiento del consumidor, así como por limitaciones estructurales como la insuficiente recogida selectiva o la fragmentación de infraestructuras. En este contexto, la Responsabilidad Ampliada del Productor y el desarrollo de sistemas colectivos como RE-VISTE emergen como instrumentos clave para organizar la gestión del residuo y mejorar su trazabilidad y eficiencia. El despliegue de este modelo abre, además, nuevas oportunidades económicas y laborales vinculadas a la reutilización, el reciclaje y la innovación. Su consolidación dependerá, en última instancia, de la coordinación efectiva entre agentes y de la implicación activa de la ciudadanía en el funcionamiento del sistema.
La transición hacia la economía circular sitúa el empleo verde como un eje estratégico para transformar el modelo productivo y reforzar la competitividad. Rosa Trigo analiza este proceso destacando el papel de la circularidad como actividad tractora que integra empresas, administraciones y ciudadanía en una cadena de valor capaz de generar empleo directo e indirecto. El artículo muestra cómo la transformación de los sistemas lineales en procesos circulares impulsa nuevas oportunidades laborales, aunque también implica reconversión de empleos y adaptación de cualificaciones. Este cambio se vincula al desarrollo de sectores como el reciclaje, la reutilización o el ecodiseño, y a la creciente demanda de perfiles técnicos y especializados en un contexto de innovación y digitalización. Además, se pone de relieve la dimensión social del empleo verde, especialmente a través de iniciativas de inserción laboral dirigidas a colectivos vulnerables, que evidencian su capacidad para generar inclusión y cohesión. En este marco, la economía circular se consolida como un vector de empleo de calidad que combina sostenibilidad, innovación y valor social en el mercado laboral.
La transición hacia la economía circular supone una reconfiguración profunda del mercado de trabajo al desplazar el centro de valor desde la extracción de recursos hacia su mantenimiento, reutilización y valorización. José Luis de la Cruz analiza este cambio como un proceso sistémico en el que el capital humano adquiere un papel estratégico, al convertirse en motor de innovación en modelos productivos más intensivos en conocimiento y servicios. El artículo muestra que existe un amplio consenso sobre el potencial de creación neta de empleo, derivado del carácter más intensivo en mano de obra de las actividades circulares. Sin embargo, este balance positivo convive con procesos de “destrucción creativa” que afectan a sectores extractivos e industriales tradicionales, generando importantes retos de recualificación y redistribución laboral. Asimismo, se destaca la heterogeneidad de los empleos circulares y su capacidad para impulsar la inclusión social y el desarrollo territorial, al generar empleo local y menos deslocalizable. El balance final subraya que solo una gobernanza orientada a la transición justa permitirá convertir la economía circular en un vector de empleo digno y cohesión social.
El nuevo número de Cuadernos del Mercado de Trabajo se adentra en dos transformaciones decisivas que ya están redefiniendo el empleo. Por un lado, el sector de los cuidados emerge como un ámbito en plena metamorfosis: se pasa de modelos asistenciales a enfoques centrados en la autonomía, los derechos y la vida en comunidad. La innovación organizativa, el impulso de disciplinas como la terapia ocupacional y la aparición de nuevos perfiles profesionales dibujan un escenario donde la personalización y la inclusión marcan el rumbo. Al mismo tiempo, la transición hacia una economía verde se consolida como motor de cambio productivo. La expansión de las energías renovables, la economía circular y la sostenibilidad están generando oportunidades laborales, pero también exigen nuevas competencias y una gestión equilibrada del impacto social y territorial. Formación, calidad del empleo y transición justa se convierten en piezas clave para que este proceso sea verdaderamente transformador. Además, el número se completa con una mirada a los efectos de los fenómenos climáticos extremos sobre el empleo y la capacidad de respuesta institucional, junto con avances en la medición del mercado laboral que permiten captar mejor el trabajo no aprovechado. Todo ello se enlaza con el papel decisivo de la formación, especialmente en sectores emergentes como las energías renovables, para alinear cualificación y nuevas oportunidades laborales.
El presente número de la revista Cuadernos de Mercado de Trabajo, que elabora el Servicio Público de Empleo Estatal, a través del Observatorio de las Ocupaciones, presenta un tema de actualidad dedicado al sector de los cuidados, un sector con gran relevancia y necesidad social y con oportunidades de empleo. Asimismo, ofrece un dossier sobre los llamados empleos verdes, en sus distintas vertientes, en ocasiones emergentes y en otras más o menos tradicionales, que están implicados en la transición hacia una economía verde y sostenible.
La transición ecológica sitúa la relación entre naturaleza, economía y empleo en el centro del futuro del mercado laboral. Félix Romero Cañizares destaca que los servicios ecosistémicos constituyen la base de la actividad productiva y que su deterioro amenaza directamente el empleo, al tiempo que abre nuevas oportunidades vinculadas a la sostenibilidad. El artículo muestra que la economía verde puede generar un volumen significativo de empleo en sectores como energías renovables, eficiencia energética o gestión de recursos, así como transformar ocupaciones existentes. Sin embargo, este potencial se acompaña de retos relevantes, especialmente en términos de equidad y desajuste entre las cualificaciones disponibles y las demandas emergentes. El análisis subraya el papel estratégico de la formación y la capacitación para facilitar la adaptación laboral y reducir dichos desajustes. Como conclusión, sitúa la transición justa como condición necesaria para consolidar un empleo verde inclusivo, competitivo y sostenible.